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Problemas de comportamiento

Por qué mis hijos nunca dicen “no puedo”

22 Dic , 2016  

Desde que saben hablar, mis hijos tienen “prohibido” decir “no puedo”. Quiero decir que todos los niños muchas veces se sienten impotentes para hacer algo (algún problema matemático, colgarse de una barra, alcanzar un vaso de una estantería, coger una pesa de 5 kgs. entrenando, hacer el pino, etc.) y entonces acuden a su comodín favorito: “no puedo“. En ese momento su papá y su mamá acuden al rescate y les ayudan. Una neurona que podía nacer es abortada gracias a la bondadosa ayuda de los papis o los abuelos. Hemos perdido una oportunidad de oro para ayudarles a crecer en su autoestima.
Este principio es necesario adaptarlo a cada edad por supuesto. Aquí tienes una guía que seguro te sorprenderá.

La influencia que la frase “no puedo” tiene en los niños es demoledora. Antes de seguir voy a exponer un extracto de un artículo publicado en blog.bufferapp.com que lo explica perfectamente aplicado a adultos:

Por qué “No quiero” funciona mejor que “No puedo”.

i-canTus palabras ayudan a enmarcar tu sentido del empoderamiento y control. Es más, las palabras que usas crean un bucle de retroalimentación en tu cerebro que impacta a tus futuras creencias. 

Por ejemplo, cada vez que te dices “no puedo”, estás creando un bucle de retroalimentación que es un recordatorio de tus limitaciones. Esta terminología indica que estás forzándote a ti mismo a hacer algo que no quieres hacer.

Comparativamente, cuando te dices a ti mismo “no quiero”, estás creando un bucle de retroalimentación que te recuerda que tienes el control y el poder sobre la situación. Es una frase que puede impulsarte a romper tus malos hábitos y a continuar con los buenos.

Heidi Grant Halvorson es la directora del Centro de Ciencia de la Motivación de la Universidad de Columbia. Así es como ella explica la diferencia entre decir “no quiero” y “no puedo”: 

“No quiero” se experimenta como una elección, así que se siente como poderoso. Es una afirmación de tu determinación y fuerza de voluntad. “No puedo” no es una opción. Es una restricción que te ha sido impuesta. Así que pensar “no puedo”socava tu sentido del poder y de la voluntad personal.
 

En otras palabras, la frase “no quiero” es una forma empoderada de decir no, mientras que la frase “no puedo” es un forma psicológicamente vaciante de decir no.

¿Cómo se puede aplicar esto a tu vida?

camarero2Hay situaciones a diario donde necesitas decir no a algo. Por ejemplo, el camarero que te ofrece el menú del postre… o las ganas de saltarte un entrenamiento y quedarte en casa… o el mensaje de whatsapp, o el de twitter que te distraen cuando debes estar concentrado en algo importante.

Individualmente, nuestras respuestas a estas pequeñas elecciones parecen insignificantes, y es por lo que no le damos mucha importancia a decirnos a nosotros mismos “no puedo” hacer algo. Pero imagina el efecto acumulativo de elegir palabras más empoderantes de forma continuada.

“No puedo” y “no quiero” son palabras que parecen similares y a menudo las intercambiamos, pero psicológicamente pueden aportarnos retroalimentaciones muy diferentes, y finalmente, terminar produciendo diferentes acciones. No son simplemente palabras y frases. Son afirmaciones sobre lo que crees, razones por las que haces lo que haces y recordatorios de hacia dónde quieres ir.

La capacidad de sobreponerte a tentaciones y a decir no, es crítico no solo para su salud física, sino también para tu salud mental y tu productividad diaria.

Dicho de otra forma: tú puedes ser la víctima de tus palabras o el arquitecto de ellas. ¿Que prefieres ser?

pnl

Ahora que ya sabes el efecto que decir “no puedo” tiene en la psique humana, entenderás que es urgente que lo apliques a la mente de tus hijos. Los defensores de la Programación NeuroLinguistica (PNL) también defienden que es posible “programar” la mente mediante el lenguaje. 
Realmente promover que los niños no pronuncien la frase “no puedo” es cortar de raíz su atajo hacia la pereza, la rendición y el desarrollo de la indefensión aprendida.

Nosotros tenemos un juego en casa. Quien diga “no puedo” debe irse “castigado” dos minutos al baño y sentarse aburrido a esperar. Los adultos de la casa también juegan. Puede parecer una tontería muy “light”, pero funciona. Nadie quiere señalarse y tener que encerrarse 2 minutos por “escapársele” esa frase maldita. Forma parte de un conjunto de medidas para conseguir ese empoderamiento mental (de los niños y de los adultos). Pero es una parte muy importante. 
Empezamos cuando los niños tenían 4 años. Ahora tienen 10 y esa frase no existe en su vocabulario. Ningún obstáculo les paraliza. Pueden pedir ayuda pero reciben la mínima necesaria (por ejemplo no les alcanzo el vaso de la estantería, sino que les ayudo a pensar en una alternativa, como acercar una silla y subirse a ella).

No son perfectos, por supuesto. Pero lo fundamental es que el modelo mental en el que son educados no es “autolimitante”, ni necesita del rescate de nadie para que les solucionen SUS problemas.

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